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20/02/2017

¿Qué es una devaluación interna? ¿Y una devaluación fiscal?


Hoy me propongo amenizar el viernes de nuestros lectores hambrientos de conocimiento exponiendo las principales características de dos tipos de estrategias de ajuste esenciales en la Economía. Las dos, pueden identificarse fácilmente en la política económica de varios países con considerable frecuencia, especialmente en tiempos de crisis como los actuales. Se trata de la devaluación interna y la devaluación fiscal. ¿Qué significan éstas curiosas palabrejas? ¡Si queréis saberlo sólo tenéis que seguir leyendo!

Una devaluación interna consiste en una política económica y social que se centra en una bajada de los salarios en un país y que se lleva a cabo con el principal objetivo de ganar competitividad que por algún motivo u otro ha sido perdida. Es decir, se busca ser más competitivo mediante la reducción del coste de la mano de obra. Esta reducción de salarios reales, debe acompañarse de una disminución del gasto público, además de un programa más amplio de reformas estructurales. O, al menos eso sería lo que se consideraría, sobre el papel, ideal.

Son muchos los motivos que pueden provocar un deterioro de la capacidad competitiva de un país. Algunos suelen ser el aumento de los salarios públicos por encima de la productividad, la obsolescencia de los métodos productivos o la poca capacidad de adaptación a los cambios permanentes del mercado. Por todo ello, estos países acostumbran a tener una balanza comercial muy deficitaria.

Las consecuencias económicas deberían ser un incremento del producto interior bruto real, ya que la producción aumentaría, junto con una bajada del nivel general de precios y el consiguiente peligro de deflación. Éste,  es muy temido por todo economista ya que es considerado como una espiral muy negativa para el consumo, incentivando a los consumidores a aplazar su consumo para el futuro. La oferta, si el nivel de precios disminuye mucho, tampoco se ve incentivada al haber poco margen de beneficio.

La devaluación interna también se traduce, teóricamente, en un aumento de la ocupación, causado por la  mencionada mayor capacidad de contratación  a raíz de la reducción del coste laboral. Sin embargo la evidencia empírica demuestra que eso no es algo que acostumbre a pasar realmente y mucho menos que sea algo que pase inmediatamente después de la devaluación interna. Por ello, muchos países defienden la necesidad de hacer reformas laborales encaminadas a la creación de empleo durante un proceso de ajuste como es éste. Por lo tanto, aunque teóricamente la devaluación interna puede ser un método para paliar los desajustes en el nivel de producción y empleo, así como para poder eliminar el déficit de la balanza comercial… La práctica es mucho más dura y difícil que el modelo teórico, y que el hecho de que la devaluación interna funcione  o no depende de muchos y delicados factores.

Por ejemplo, en algunos países bálticos como Estonia, Letonia y Lituania se llevaron  a cabo duras devaluaciones internas para poder recuperar competitividad en relación a los países de la zona Euro, después de un período de boom económico brutal. Se decidió tomar la vía de la devaluación interna ya que una devaluación de la divisa hubiera tenido efectos perniciosos sobre todos los préstamos denominados en euros, los cuales se habrían revalorizado en un 90% dificultando muchísimo la capacidad de pago de los ciudadanos bálticos. Aunque estos países consiguieron mejorar sus balanzas comerciales, su PIB se derrumbó a niveles de hasta un 17,7% menos en Letonia o un 14,8% en Lituania…Adentrándose, éstos, en una dura recesión. Además, debido a la caída de producción el desempleo aumentó mucho y con él la morosidad. No obstante, al final las economías bálticas consiguieron recuperarse a base de la exportación gracias a unos reducidos precios y el crecimiento de la industria, creciendo en el año 2011 en más de un 5%. La conclusión que se puede extraer de este ejemplo, es que aunque una devaluación interna puede funcionar, el camino siempre es doloroso.

Otro caso de devaluación interna que aparece todos los días en los medios de comunicación es el de Grecia. Tal y como se observa en el gráfico, los ciudadanos griegos han perdido mucha capacidad adquisitiva ya que sus salarios se han reducido mucho mientras que los precios no se han reducido prácticamente, lo cual intensifica el efecto del proceso y lo hace más doloroso.

Para empezar, la bajada de los salarios reales acarrea duras consecuencias a nivel social. A los ciudadanos les toca pagar el pato viendo como su nivel adquisitivo se reduce mucho, ello provoca protestas y mucho malestar generalizado en la sociedad. El beneficio de los productores y empresarios, dependerá, en gran medida, de la reacción de la demanda externa al abaratamiento relativo de los bienes. En segundo lugar, las medidas no tendrán efecto alguno si los competidores llevan a cabo la misma política económica, ya que los costes no se verán reducidos en términos relativos: los bienes griegos, por ejemplo, no serán más baratos que aquellos producidos en Alemania o Francia si estos países, hábiles estrategas, deciden poner toda la carne en el asador para contrarrestar las medidas llevadas a cabo en el país que pone en marcha la devaluación encubierta, otra manera de referirse a este tipo de procesos de ajuste.

Otro peligro, es que hoy en día como se ha comentado en repetidas ocasiones en otros posts de Pompeunomics, no sólo los diferenciales de precios determinan el éxito de un determinado sector exportador. Y si, por si fuera poco, la reducción de salarios reales se traduce en una caída de la demanda interna que no sea compensada por un aumento  de la demanda exterior,  la producción se contraerá y el paro aumentará aún más…entrando en un círculo vicioso de estancamiento del crecimiento o, en los peores casos, de recesión. Numerosos estudios, en efecto, demuestran que los factores más relevantes que tienen relación de causalidad con el éxito comercial son la capacidad de innovación, la de adaptación a las nuevas tecnologías y tendencias del mercado, así como la virtud de ofrecer productos con más valor añadido.

La devaluación fiscal es otra opción disponible para hacer frente a dificultades económicas que ha sido puesta en práctica en algunos países de la Zona Euro, la cual consiste en un cambio de la estructura impositiva, que va desde las contribuciones a la Seguridad Social hacia un impuesto sobre el valor añadido que grava el consumo general (el IVA en España).

La devaluación fiscal altera los tipos impositivos de varios impuestos y está orientada, también, a ganar competitividad promocionando las exportaciones netas, promoviendo la ocupación y fomentando el crecimiento.

Una devaluación fiscal, para que funcione, tiene que darse necesariamente en un contexto de tipo de cambio fijo y de salarios nominales fijos, para evitar que ajustes en el tipo de cambio o en el nivel salarial posteriores al cambio impositivo anulen sus efectos en la economía real. Así, una disminución del coste laboral provoca un abaratamiento de los bienes domésticos de cara al exterior y un incremento del precio relativo de las importaciones para el consumidor autóctono. Consumidor que, además, ve cómo se le impone un impuesto sobre el consumo general de bienes de lujo y también de primera necesidad.

La devaluación fiscal tiene, generalmente, tres efectos a corto plazo. Primeramente, una mejora de la balanza comercial, ya que los bienes extranjeros son más baratos pero se penaliza, como ya se ha dicho, el consumo interior. En segundo lugar, la ocupación debería crecer ya que empresarios pueden contratar más empleados a un mismo coste (asumiendo salarios rígidos que no pueden adaptarse a los cambios en la estructura de costes rápidamente). Por último, el producto interior bruto aumentará debido a la mayor cantidad de exportaciones y mayor ocupación.

Pero amigos lectores, como muchos os debéis estar preguntando, si todo fuera tan sencillo no se vivirían crisis económicas como la que hoy en día sufrimos todos y cada uno de nosotros. En la devaluación fiscal tampoco todo es tan maravilloso y los efectos dinamizadores también corren gran peligro de convertirse en mero papel mojado en el medio y largo plazo. La mejora de la balanza comercial, por ejemplo, será en principio temporal, ya que tarde o temprano los salarios nominales se ajustarán en los nuevos procesos de negociación…desapareciendo así, progresivamente, la principal fuente de la mejora en competitividad; el precio relativamente bajo de las exportaciones.

Por otra parte, aunque la teoría económica sostiene que el impuesto sobre el valor añadido será soportado en mayor proporción por los ciudadanos de mayor riqueza que consumen más y en mayores cantidades, y que por lo tanto la demanda interna no se reducirá… La realidad actual siembre muchas, muchísimas dudas sobre esta afirmación. Aunque clases medianas y bajas no compren tanta ropa, no vayan tanto al teatro o no frecuenten tantos ni tan variados restaurantes…. La situación social en nuestro propio país es evidencia de que, en términos relativos, los bolsillos de las clases humildes notan mucho más un aumento en el impuesto sobre el valor, ya que su riqueza total es notablemente menor. Por lo tanto, se corre el peligro de que a largo plazo, cuando los salarios se vean ajustados la demanda interna se retraiga, lo cual podría tendría un efecto contractivo en la producción, la ocupación y el crecimiento.

Pero el modelo teórico no contempla la opción de que tanto ocupación como PIB puedan reducirse en el largo plazo. Como ya se ha mencionado, desde la teoría económica se dice que las clases más acomodadas soportarán la carga del impuesto, manteniendo la demanda interna constante en un nivel satisfactorio. Además, se postula que si los beneficios sociales para el desempleo no se ajustan totalmente de manera proporcional al incremento del impuesto sobre el valor, habrá más gente dispuesta a trabajar ya que el paro no saldrá tan rentable. Una vez encarecido el coste de vida, si no se paga más dinero por el hecho de estar desempleado, por un mismo salario habrá más ciudadanos dispuestos a trabajar…(¡Se acabó el chollo de los ni-ni!)…Manteniéndose así el incremento inicial en el nivel de ocupación.

Analizadas las principales variables macroeonómicas, ahora pondremos nuestra atención en algunas características adicionales de la devaluación fiscal.

Otra de sus ventajas, es que crea un sistema impositivo menos distorsionado, eliminando el sesgo en contra del efecto ahorrador creado por la sensación que tiene el trabajador cuando una parte importante de su salario se va a llenar la hucha de las pensiones o cuando le dan menos prestación  de desempleo. Entonces, los efectos del money illusion o de la ilusión monetaria se ponen en marcha. El ciudadano, que después de la devaluación fiscal recibe un mayor sueldo, tiene sensación de mayor riqueza y consume más, aunque por ello esté pagando más impuestos. Supuestamente, este mayor consumo beneficiará al país en el largo plazo, ya que mayor demanda interna es un estimulante que dinamiza a toda la economía. No obstante, ya se ha dicho que, por una parte, éste efecto podría ser perjudicial para la balanza comercial (sólo si se demandan y compran muchos bienes y servicios extranjeros pero las vendas en el exterior de productos nacionales no son especialmente altas) o que no siempre se producirá ya que el impuesto sobre el valor puede, según en qué circunstancias, perjudicar mucho el consumo.

La devaluación fiscal no debería ser nunca considerada como un substitutivo de reformas estructurales más profundas. Si se quiere mejorar la competitividad a largo plazo, aún no se ha encontrado nada más efectivo que el uso de técnicas productivas eficientes y la aplicación de conocimiento muy específico que permita innovar y destacar en el mercado global.

Una devaluación fiscal debe estar muy bien diseñada, para que no afecte de manera desigual e injusta a los bienes que constituyen un gran porcentaje del gasto mensual de los habitantes más pobres, lo cual incrementaría la desiguladad en la sociedad del país. Por ello, una buena devaluación fiscal debería ir acompañada de un sistema efectivo de transferencias y programas de ayudas para los más necesitados.

Otra desventaja de la devaluación fiscal es que reduce en valor real de las pensiones se reduce y que a veces carecerá de efectividad si los competidores comerciales que tienen superávit en su balanza comercial (venden al exterior más de lo que compran) no ceden a realizar una revaluación interna (pérdida de competitividad relativa), lo que acostumbra a suceder por motivos evidentes de incentivos e intereses racionales.

Sin embargo, ya para concluír con esta larga pero importante lección de economía, la devaluación fiscal presenta dos últimas características que, si bien no pueden considerarse ventajas con todas las letras, al menos sí deben ser tomadas en cuenta. Por una parte, es una opción factible en aquellos países que por su rigidez salarial y estructura del mercado laboral les resultaría demasiado costoso llevar a cabo una devaluación interna. En mercados de gran rigidez de los salarios nominales, una devaluación interna sería lenta en efectividad y conllevaría gran peligro de deflación. Por lo contrario, una devaluación fiscal se presenta como una posibilidad más factible en esos contextos determinados.

Por último, la devaluación fiscal se considera en ciertos momentos una herramienta muy poderosa cuando existe una necesidad enorme de un ajuste rápido en ciertos países muy carentes de la confianza de los mercados, los cuales dudan sobre la viabilidad de un proceso de ajuste que restablezca la competitividad sin alterar el tipo de cambio fijo (abandonar el tipo de cambio fijo devaluando la moneda conlleva serios problemas de credibilidad). Una devaluación fiscal es un método que les permite ganar tiempo y credibilidad.

No me cansaré nunca de repetir que la ciencia económica es una de las más apasionantes y bonitas porque también es humana e inexacta. En esta lección se han explicado dos métodos de ajuste, ninguno de los cuales es perfecto ni mucho menos garante de resultados plenamente positivos. No hay un sistema de ajuste perfecto, todos ellos son complejos y constituyen balanzas de contrapesos, de ventajas y desventajas que hace falta estudiar muy cautelosamente. Son necesarios diseñadores de políticas bien preparados y expertos en la ciencia económica, buenos conocedores del mercado, con mente ordenada y visión amplia, que se encuentren lo más alejados posible de incentivos políticos que puedan sesgar su actividad en favor de objetivos cortoplacistas.

¿Qué es una devaluación interna? ¿Y una devaluación fiscal?
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6 Respuestas “¿Qué es una devaluación interna? ¿Y una devaluación fiscal?”

  1. epacta1
    04/11/2012 a las 19:39

    Molt bona, i densa, aquesta lliçó. Ara bé, el millor de tots és la frase final. “Son necesarios diseñadores de políticas bien preparados y expertos en la ciencia económica, buenos conocedores del mercado, con mente ordenada y visión amplia, que se encuentren lo más alejados posible de incentivos políticos….”. D’aquesta gent, tot i que en tenim molts, aquí els nostres polítics no eels fan servir, i per això anem com anem.
    Miquel Cribillers

  2. paula
    23/06/2013 a las 15:51

    Clarísimo, mejor que en manuales 🙂

  3. Caipi
    08/09/2013 a las 11:37

    Interessant… I com es diu el que han fet a Espanya: augment de l’IRPF i de l’IVA, i baixada de sous? És un mix o simplement no pensar en les persones i pensar només en la balança comercial?

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